El PODER de la Aromaterapia es, también, el PODER de quienes saben aprovecharla...
PODER que nada tiene que ver con cuestiones ligadas a la autoridad o a la jerarquia...
Un PODER humilde y generoso como la NATURALEZA...
Además, la Aromaterapia permite al terapeuta complementar y potenciar efectos para lograr mas sinergia con otras Medicinas Naturales...

...veamos la atmósfera de otro color y los problemas desde otro punto de vista...

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30 julio 2013

CÚRCUMA

 LA CÚRCUMA LONGA
      La palabra española Cúrcuma procede del término árabe Kourkoum que significa Azafrán. Y es que los árabes pensaban que la cúrcuma era una variante del azafrán quizás porque ambas especias tiñen los alimentos de un tono amarillo intenso muy similar.
Por eso se conoce a la cúrcuma como “el Azafrán de las Indias” aunque no tenga su perfume sutil y aromático.
      De ahí que en la Unión Europea esté hoy aprobado su uso como colorante alimentario bajo el código E-100.
       Pero, ¿de dónde se extrae la Cúrcuma?
Pues del rizoma, es decir, del tallo horizontal y subterráneo de la planta arbustiva Cúrcuma Longa - perteneciente a la familia de las Zingiberáceas - que se caracteriza por poseer unas hojas elípticas de hasta un metro de largo y cuyas flores son amarillas y en forma de espigas.
De él se extraen las sustancias biológicamente activas que le confieren sus conocidas propiedades medicinales y que en forma de extracto pulverizado posee un sabor dulzón si bien con un toque ligeramente amargo y/o picante.
       En cuanto a su composición los estudios llevados a cabo en los últimos años han revelado que entre el 45 y el 55% del rizoma es un almidón gelatinizado compuesto de polisacáridos inmunológicamente activos del tipo arabinogalactanos que actúan en la activación de la fagocitosis y son los que la confieren sus propiedades como antiagregante plaquetario.
Entre el 3 y el 7% es un Aceite Esencial compuesto por sesquiterpenos monocíclicos (alfa y beta-turmerones, ar-turmerones, alfa-curcumenos y zingibereno) y cantidades menores de cetonas sesquiterpénicas (llamadas turmeronas) y  monoterpenos (como el cineol).
Igualmente contiene entre un 3 y un 5% de unos pigmentos polifenólicos llamados curcuminoides, fundamentalmente curcumina (o diferuloilmetano) – sustancia a la que debe sus principales propiedades terapéuticas, demetoxicurcumina, bis-demetoxicurcumina y ciclocurcumina.
También contiene un péptido soluble en agua llamado turmerina - que ha demostrado tener efectos antioxidantes, proteger el ADN y una clara acción antimutagénica y cantidades variables de vitamina C, carotenos y minerales como el calcio, el hierro y el sodio.
Añadiremos que el estómago y el intestino delgado absorben sólo un 65% de la Cúrcuma ingerida siendo el resto excretado por la bilis, las heces y la orina a las 48 horas de la ingesta.
En cuanto a sus posibilidades terapéuticas procede decir que la Cúrcuma se emplea en Asia desde hace más de 2.500 años para tratar procesos infecciosos en general y, por tanto, resfriados, gripes, enfermedades de la piel, úlceras..., ya que es antibacteriana, antivírica – incluso en el caso del VIH o virus del Sida, fungicida y antiparasitaria pero también es útil en procesos inflamatorios y dolorosos.
Y además es hepatoprotectora, hipolipidemiante, carminativa – elimina los gases e inmunomoduladora. Es más, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce su utilidad en casos de dispepsias hiper o hiposecretoras.
Además está constatada su eficacia para tratar afecciones de la piel como la psoriasis y el eczema así como para prevenir las dolencias cardiovasculares y el cáncer.
       En suma, puede afirmarse que la Cúrcuma: Es Antimicrobiana
      Un grupo de expertos del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de Granada
      (España) publicó el año 2000 en Ars Pharmaceutica un artículo en el que se recogían datos de numerosos estudios llevados a cabo en todo el mundo con
      la cúrcuma o alguno de sus principios activos. Y en él se explicaba que en
      1974 se había constatado in vitro que el extracto alcohólico de la
      curcumina y sus aceites esenciales eran eficaces a la hora de combatir las
      bacterias gram-positivas. Y en 1978 que poseían actividad antifúngica. Y,
      posteriormente, que lo mismo ocurre ante la salmonella.
Asimismo se destacaba su eficacia como antiparasitario.
       Aún más: se decía que en 1993 se había contrastado que la curcumina
      inhibe “la replicación final de la expresión genética del virus VIH-1 sin
      causar un efecto significativo en las células”, que sólo dos años más
      tarde se demostraría “el efecto inhibidor de la curcumina sobre la
      integrasa del VIH-1, esencial para la integración del ARN viral en la
      doble cadena de ADN cromosómico antes de la replicación del virus” y,
      posteriormente, que “inhibe la transactivación de la proteína Tat
      segregada por el VIH-1, la cual podría estar implicada en la patogénesis
      del Sida”.
      A pesar de lo cual los médicos – como en el caso del Bio-Bac y del Viusid,
      productos ambos de notable eficacia en casos de Sida- no recomiendan su
      consumo a las personas contagiadas por el VIH.
      Es un potente Antioxidante
      La Cúrcuma neutraliza en el organismo el efecto de los radicales libres,
      principales responsables de la peroxidación de los lípidos celulares y del
      desencadenamiento de procesos que llevan a enfermedades graves.
De ahí que su ingesta ayude igualmente a prevenir numerosas dolencias.
Entre ellas, el Alzheimer.
Así lo afirmaría por ejemplo un grupo de investigadores de la Universidad de California (Los Ángeles, EEUU) en un artículo publicado en Proceedings of the National Academy of Science según el cual uno de los principios activos de la cúrcuma -la bisdemetoxicurcumina- previene la acumulación de proteínas beta amiloides en el cerebro –que son las que terminan formando placas y llevando a la muerte de las neuronas - al
      estimular la actividad de las células macrófagas para que las eliminen. El
      director de esa investigación, Milan Fiala, afirmaría que “es factible la
      administración por infusión de este compuesto de la cúrcuma en pacientes
      de Alzheimer para paliar esta letal y, de momento, incurable dolencia.
      Aunque no se sabe en qué dosis una ingesta normal de la especia puede ser
      capaz de lograr esa eficacia”. Aseveración que luego corroboraría un grupo de expertos del Instituto Linus Pauling de la Universidad de Oregón (EEUU) explicando que ello se debe a la acción de los curcuminoides (los
      pigmentos que dan color a la Cúrcuma).
       Otros estudios han establecido además que la cúrcuma protege el ADN
      celular de los daños que provocan los radicales libres de mejor forma
      incluso que las vitaminas A y E (hay investigadores que aseveran que la
      cúrcuma es un antioxidante 300 veces más potente que cualquiera de ambas vitaminas).
      Previene la peroxidación lipídica
      La peroxidación lipídica es el proceso que termina llevando en buena
      medida a la aparición y progresión de las dolencias hepáticas, renales,
      cardiovasculares y neurodegenerativas así como a la diabetes y a las
      cataratas. Para entenderlo cabe explicar que se denomina asía la
      degradación de los ácidos grasos poliinsaturados, moléculas biológicas muy vulnerables al estrés oxidativo. La peroxidación es pues el efecto más
      importante de los radicales libres sobre la célula ya que la degradación o
      destrucción de esos ácidos grasos supone la pérdida de permeabilidad de la
      membrana celular y su posterior muerte. Bueno, pues según algunos estudios una suplementación oral con cúrcuma reduce la peroxidación lipídica e incrementa los ácidos grasos esenciales en los microsomas de hígado,
      riñón, bazo y cerebro lo que indica que la especia protege esos órganos de
      las alteraciones que podrían inducir en sus membranas los radicales
      libres. Y si tenemos en cuenta que el hígado es el órgano con mayor índice
      de estrés oxidativo comprenderemos en parte por qué se le atribuyen también – como luego explicaremos- propiedades hepatoprotectoras. Asimismo se ha comprobado que la curcumina protege de la aparición de cataratas originadas por peroxidación lipídica en el ojo.
      Es Anticancerígena
      La Cúrcuma es eficaz en el tratamiento del cáncer.
No sólo previene su aparición gracias a su riqueza en sustancias Antiinflamatorias y Antioxidantes sino que además se ha demostrado que induce la apoptosis o
      suicidio de las células cancerosas.
       La verdad es que durante siglos la Medicina Oriental conoció y
      aprovechó sus propiedades antiinflamatorias pero el mecanismo de acción
      de la curcumina no se identificó hasta que en 1995 el doctor Bharat
      Aggarwal, jefe del laboratorio de investigación del Departamento de
      Terapéutica Experimental del M.D. Anderson Cancer Center en la Universidad de Texas (Houston, Estados Unidos) demostró -tras décadas de estudio de las actividades biológicas y farmacológicas de esta especia- que dicha sustancia desactiva el factor nuclear kappa B (NF-kB) implicado en la
      regulación de la inflamación y de otros procesos, incluido el cáncer.
Al bloquear la actividad de esa especie de “interruptor maestro” la curcumina
      interferiría con el proceso del cáncer en su inicio impidiendo su
      desarrollo por varias vías: reduciendo la respuesta inflamatoria,
      inhibiendo tanto la proliferación de las células tumorales como la
      transformación de células normales en cancerosas, induciendo su
      autodestrucción y frenando el crecimiento de los vasos sanguíneos que
      alimentan los tumores. Y ni que decir tiene que esos procesos reducen el
      tamaño de los tumores e inhiben la metástasis. Además la desactivación del NF-kB permitiría que los fármacos quimioterápicos destruyeran con más
      eficacia las células cancerosas.
       Luego, tras ese hallazgo fundamental, otros muchos estudios de
      laboratorio realizados por el propio doctor Aggarwal y la doctora Razelle
      Kurzrock demostrarían que la curcumina es biológicamente activa frente a
      muchos tipos de células cancerosas - mieloma, cáncer de mama, de vesícula biliar, cerebral, pancreático y de ovario, por nombrar algunos y además de lo ya dicho induce la apoptosis de las células tumorales aunque aún no se sepa cómo lo hace. “Lo cierto es que en el laboratorio no hemos
      encontrado ningún tipo de cáncer - llegaría a afirmar el doctor
      Aggarwal - frente al que no muestre actividad”.
      Posteriormente otras investigaciones – realizadas en el ya citado Instituto
      Linus Pauling de la Universidad de Oregón (EEUU) - establecerían una
      relación inequívoca entre la toma de Cúrcuma y el descenso del riesgo de
      padecer cáncer en humanos. Y en la misma línea se situarían los resultados
      de las averiguaciones hechas en el Departamento de Oncología de la
      Universidad de Leicester (Reino Unido) gracias a las cuales se comprobó
      que la cúrcuma resulta un eficaz supresor natural de diferentes tumores ya
      que además de inducir la apoptosis de las células cancerosas - sin producir
      efectos citotóxicos en las sanas - ayuda al cuerpo a generar antioxidantes
      fundamentales como el glutation.
       Asimismo, un grupo de investigadores de la Universidad de Rutgers (Nueva Jersey, EEUU) comprobaría que la Cúrcuma es eficaz en el tratamiento del cáncer de próstata. Y otros obtendrían los mismos resultados en cánceres
      de mama, pulmón, piel e intestino. A lo que hay que añadir que un equipo
      de investigadores chinos logró también establecer su eficacia terapéutica
      en casos de cáncer uterino.
      Es un excelente Antiinflamatorio Natural, especialmente de las vías respiratoria y urinaria así como de las articulaciones
      Desde hace siglos las distintas medicinas herbarias tradicionales de los
      países asiáticos han considerado la Cúrcuma un remedio eficaz para el
      tratamiento de la inflamación y el dolor provocados por la artritis, los
      problemas reumáticos y las dolencias respiratorias que cursan con
      inflamación como el asma bronquial. Pues bien, a raíz de los hallazgos del
      ya mencionado doctor Aggarwal se puso en marcha una intensa labor de
      investigación - en universidades y centros investigadores de la India y
      otros países - para intentar desentrañar los mecanismos por los que esta
      especia logra reducir la inflamación. Lo primero que se comprobaría así es
      que la actividad antiinflamatoria de la cúrcuma se debe a los
      curcuminoides en general y, más concretamente, a la curcumina. Y ello
      porque logra modular el metabolismo del ácido araquidónico e inhibir tanto la vía inflamatoria cicloxigenasa - que da lugar a la formación de
      prostaglandinas y tromboxanos - como la vía lipoxigenasa - que activa la
      formación de leucotrienos implicados en dolencias como el asma bronquial- evitando así el desarrollo de los procesos inflamatorios y la agregación plaquetaria. A este respecto, en 1994, los investigadores B. Joe y B. R. Lokesh demostraron que la curcumina “inhibe la incorporación del ácido
      araquidónico a las membranas lipídicas evitando la liberación de
      eicosanoides mediadores de la inflamación, prostaglandina E2, leucotrieno
      B4 y leucotrieno C4 así como de enzimas hidrolíticas - colagenasa, elastasa
      e hialuronidasa - secretadas por los macrófagos”.
      Estudios posteriores – es el caso de los llevados a cabo en la Universidad
      de Arizona (Tucson, EEUU) - corroborarían la capacidad de esta especia para prevenir la artritis - tanto aguda como crónica - y para disminuir la
      degeneración ósea. Los expertos de la mencionada universidad comprobarían que la curcumina evita la destrucción de las articulaciones al inhibir la  proteína NF que controla la expresión genética de sustancias que producen una respuesta inflamatoria. Según se recoge en los resultados publicados en Arthitis & Reumatism la cúrcuma altera la expresión de cientos de genes que intervienen en la inflamación y destrucción de las articulaciones y evita un aumento de las células que descomponen el hueso en las articulaciones.
       Otras investigaciones lograrían demostrar que la curcumina es un buen tratamiento – por sí misma o como coadyuvante - en numerosas dolencias diferentes que tienen en común la inflamación.
Son los casos de la artritis, la enfermedad inflamatoria intestinal, el Alzheimer, la
      diabetes, las enfermedades cardiovasculares y autoinmunes...
      Descubrimientos a raíz de los cuales el número de estudios clínicos con
      curcumina se incrementaría considerablemente en los últimos años. Bien,
      pues uno de ellos compararía la acción de los curcuminoides con la de
      algunos fármacos antiinflamatorios - tanto esteroideos como no esteroideos - demostrando que su eficacia es similar a la hora de reducir la inflamación y el dolor. Con la diferencia importante de que los curcuminoides no provocan los frecuentes y graves efectos secundarios de los
      antinflamatorios sintéticos. A este respecto se cree que los principios
      activos de la Cúrcuma pueden disminuir la inflamación reduciendo los
      niveles de histamina y, posiblemente, aumentando la producción de la
      cortisona natural en las glándulas suprarrenales sin producir irritación
      gástrica ni afectar al sistema nervioso central.
      Es Hepatoprotectora
      Esta cualidad es, sin duda, una de las principales y más reconocidas propiedades de la Cúrcuma. Y es que no sólo resulta beneficiosa en caso de problemas hepáticos o biliares sino que además favorece el buen funcionamiento del hígado protegiéndolo del estrés oxidativo provocado por los radicales libres y también de la acción de toxinas y parásitos. Es
      significativo en ese sentido el estudio llevado a cabo con animales por el
      doctor Juan de Jesús García Marín – miembro del Instituto Superior de
      Ciencias Médicas de La Habana (Cuba) - en los que la Cúrcuma logró reducir las lesiones hepáticas provocadas por la aflatoxina del aspergillus
      parasiticus, una de las más potentes toxinas hepáticas conocidas.
      Asimismo, esta especia disminuye los niveles de colesterol “malo”, ayuda a que la bilis sea más fluida y aumente su flujo y, en algunos casos, contribuye al tratamiento de las hepatitis A, B y C. Por otro lado, la curcumina induce la contracción de la vesícula biliar, previene la formación de piedras de colesterol en la bilis (al menos en ratones) y contribuye a la regresión de las ya formadas.
      Mejora la salud gastrointestinal
      Otra de las indicaciones de la Cúrcuma, reconocida incluso por la
      Organización Mundial de la Salud, como ya hemos comentado, es el
      tratamiento de la dispepsia, término amplio que incluye una serie de
      problemas digestivos como malestar estomacal, gases, distensión, eructos,
      pérdida de apetito y náusea. Y es que diferentes estudios clínicos han
      logrado demostrar que la Cúrcuma ayuda a evitar los gases estomacales,
      mejora la digestión, es un buen tónico para el estómago, estimula la
      producción de jugos gástricos, a dosis normales tiene actividad
      antiulcerosa (inhibe la producción de la interleucina-8, citocina
      proinflamatoria inducida por la bacteria helicobacter pylori) y protege la
      mucosa gastrointestinal. Capacidad de protección que se extiende - como se constató en diferentes estudios - a la prevención de tumores de estómago y
      a la inhibición de la proliferación de células cancerosas en el colon.
      Previene las patologías cardiovasculares
      Así lo aseguran científicos como los del mencionado M.D. Anderson de
      Houston (Texas, EEUU) o los citados por los expertos del Instituto de
      Nutrición y Tecnología de los Alimentos de Granada (España) - quienes, tras varios estudios, establecerían que los componentes activos de esta especia
      mejoran la circulación sanguínea y previenen la formación de coágulos en
      la sangre al limitar la agregación plaquetaria. Por lo que todo indica que
      podría ser útil para prevenir la arteriosclerosis, los infartos, los
      trombos, etc. Y además tiene efecto hipotensor.
      Regula los niveles de grasas en el organismo
      La Cúrcuma reduce los niveles en sangre del llamado colesterol “malo” y
      aumenta los del “bueno”. También reduce los niveles de triglicéridos y
      fosfolípidos. Además se ha observado que bajo los efectos de la curcumina
      se produce una reducción similar de colesterol en hígado y riñón por una
      más rápida catabolización de ese lípido. Y no se debe olvidar que esta
      especia logra inhibir la peroxidación lipídica y proteger los ácidos
      grasos poliinsaturados - tan necesarios para el organismo - de los radicales
      libres.
      Tiene actividad inmunomoduladora
      Además de coadyuvar en casos de inmunodeficiencia se ha comprobado que provoca un incremento de la actividad fagocítica de los macrófagos.
      Evita la concepción
      Expertos de la Universidad de Filipinas han comprobado que el extracto del rizoma de la Cúrcuma impide la ovulación, tal como hacen los
      anticonceptivos. Además regula la menstruación y alivia los molestos síntomas premenstruales.
      Ayuda a cicatrizar y revitalizar la piel
      Los médicos chinos aplican extractos de Cúrcuma directamente sobre la piel para ayudar a la cicatrización de heridas ya que se sabe que tiene
      propiedades beneficiosas sobre los procesos de inflamación, granulación y
      remodelación de tejidos. Asimismo, diversos autores han constatado que
      esta especia puede ser útil para el tratamiento de alteraciones de la piel
      tales como la psoriasis, aquellas provocadas por infecciones bacterianas o
      virales y hasta el cáncer de piel. También tiene utilidad, empleada de
      forma tópica, para revitalizar y mejorar el aspecto de la epidermis.
       Y por si todo eso fuera poco ayuda a mantener las encías saludables,
      favorece la eliminación de toxinas, disminuye las lesiones renales que se
      producen en personas con diabetes y fortalece la energía total del cuerpo.
      ¡OJO CON LAS DOSIS!
      Terminaremos añadiendo que además de por las propiedades mencionadas la Cúrcuma es muy apreciada en toda Asia y cada vez más en Occidente - porque no se conocen efectos secundarios graves tras su ingesta. Sólo se han recogido testimonios de malestar estomacal moderado y pasajero. De hecho,
      las investigaciones del ya citado M. D. Anderson Cancer Center de Houston (Estados Unidos) afirman que la curcumina es tolerable e inocua incluso a elevadas dosis orales. A pesar de lo cual algunos expertos señalan que se deben tener en cuenta una serie de consideraciones antes de tomarla. Por ejemplo, quienes consuman cúrcuma en dosis altas deberán evitar exponerse al sol durante periodos prolongados ya que los principios activos de esta especia parecen aumentar la sensibilidad a las radiaciones solares.
      También deberán evitar su consumo en exceso o durante periodos largos de tiempo aquellas personas que padezcan úlcera gastroduodenal. Y a las
      personas que sufran cálculos biliares se les aconseja consultar con un
      profesional de la salud antes de empezar a tomarla. Asimismo, algunos
      tratados de herbolaria recomiendan no tomar dosis elevadas durante el
      embarazo ya que puede causar contracciones uterinas. Por tanto, se puede
      decir que, como en muchos otros casos, de la Cúrcuma se puede hacer uso
      pero no abuso.
       De ahí que no sea difícil encontrarla en herbolarios y tiendas
      especializadas en forma de polvo, en extracto o en cápsulas. Lo más
      adecuado es que la dosis y la posología se las indique un profesional de
      la salud pero la Organización Mundial de la Salud dice que lo recomendable es tomar medio gramo tres veces al día. Sabiendo que la curcumina es más efectiva cuando se toma con el estómago vacío y de ahí que la recomendación sea ingerirla antes de las comidas.
       Por nuestra parte lo que le sugerimos es que la use como condimento en las comidas en forma de polvo.
       Una última sugerencia: si compra cúrcuma en forma de raíz seca o en polvo guárdela en un tarro hermético de cristal opaco y colóquelo en un lugar
      fresco, seco y sin luz. Así se conservará mejor manteniendo por más tiempo sus extraordinarias propiedades terapéuticas.
      La Cúrcuma es:
       -Analgésica.
       -Antibacteriana.
       -Anticancerígena.
       -Anticoagulante.
       -Antihistamínica.
       -Antiinflamatoria.
       -Antioxidante.
       -Antiparasitaria.
       -Antiséptica.
       -Antivírica.
       -Carminativa.
       -Cicatrizante.
       -Colagoga (facilita el vaciado de la vesícula biliar).
       -Colerética (favorece la producción de bilis).
       -Diurética.
       -Estimulante de las secreciones biliares.
       -Expectorante.
       -Fungicida.
       -Hepatoprotectora.
       -Hipocolesterolemiante.
       -Tonificante.
      La Cúrcuma es útil, entre otras dolencias, en casos de:
       -Alzheimer.
       -Amenorrea.
       -Arteriosclerosis.
       -Artritis.
       -Asma bronquial.
       -Cáncer.
       -Cataratas.
       -Dermatitis.
       -Desgarros musculares.
       -Diabetes.
       -Diarrea.
       -Dismenorrea.
       -Dispepsias hiper o hiposecretoras.
       -Dolor menstrual.
       -Dolores musculares y articulares.
       -Eczema.
       -Enfermedad inflamatoria intestinal.
       -Enfermedades autoinmunes.
       -Enfermedades cardiovasculares.
       -Esguinces.
       -Gastritis crónica.
       -Gripe.
       -Hepatitis A, B y C.
       -Heridas.
       -Hongos.
       -Infecciones en general.
       -Malas digestiones.
       -Meteorismo y flatulencia.
       -Osteoartritis.
       -Problemas hepáticos o biliares.
       -Prostatitis.
       -Psoriasis.
       -Resfriados.
       -Tendinitis.
       -Úlceras pépticas.
       -Uveítis ocular.

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